DIBUJANDO RELOJES

Fue a la entrada del pueblo de Ollantaytambo, cerca del Cuzco. Yo me había desprendido de un grupo de turistas y estaba solo, mirando de lejos las ruinas de piedra, cuando un niño del lugar, enclenque, se acercó a pedirme que le regalara una lapicera. No podía darle la lapicera que tenía, porque la estaba usando en no sé qué aburridas anotaciones, pero le ofrecí dibujarle un
cerdito en la mano.
Súbitamente, se corrió la voz. De buenas a primeras me encontré rodeado de un enjambre de niños que exigían a grito pelado, que yo les dibujara bichos en sus manitos cuarteadas de mugre y frío, pieles de cuero quemado.
Había quien quería un cóndor, y quien una serpiente, otros preferían loritos o lechuzas, y no faltaban los que pedían un fantasma o un dragón. Y entonces, en medio de aquel alboroto, un desamparadito que no alzaba más de un metro del suelo, me mostró un reloj dibujado con tinta negra en la muñeca;
- Me lo mandó un tío mío que vive en Lima -dijo.
-¿Y anda bien? -le pregunté.
- Atrasa un poco - reconoció.
Eduardo Galeano
El libro de los abrazos

4 comentarios:

Pilar Turiso dijo...

Un reloj muy entrañable.
Besos

M. Turiso dijo...

Sí, una metáfora con todo mi cariño..

Ana Manotas Cascos dijo...

Que bonito Texto y el reloj precioso
Saludos

jaramos.g dijo...

Esta vez me gusta más el texto que la foto. El tema que sugiere, el recuerdo y el cariño -eternos- hacia el padre, simbolizado en el reloj, es subyugante y siempre causa impacto, pese a haber sido tratado en tantas obras. Saludos.