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SUBIDA AL CIELO

En la provincia, cuya capital era Vetusta, abundaban por todas partes montes de los que se pierden entre nubes; pues a los más arduos y elevados ascendía el Magistral, dejando atrás al más robusto andarín, al más experto montañés. Cuanto más subía más ansiaba subir; en vez de fatiga sentía fiebre que les daba vigor de acero a las piernas y aliento de fragua a los pulmones. Llegar a lo más alto era un triunfo voluptuoso para De Pas. Ver muchas leguas de tierra, columbrar el mar lejano, contemplar a sus pies los pueblos como si fueran juguetes, imaginarse a los hombres como infusorios, ver pasar un águila o un milano, según los parajes, debajo de sus ojos, enseñándole el dorso dorado por el sol, mirar las nubes desde arriba, eran intensos placeres de su espíritu altanero que De Pas se procuraba siempre que podía. Entonces sí que en sus mejillas había fuego...
Leopoldo Alas Clarín
La Regenta

PUNTO DE APOYO

Nada que hacer, nada que oír, nada que observar; el entorno de la nada, el vacío total, sin epacio y sin tiempo. Me paseaba arriba y abajo y conmigo iban los pensamientos, arriba y abajo. Una y otra vez, arriba y abajo. Pero incluso los pensamientos, por muy etéreos que parezcan, requieren un punto de apoyo, pues de lo contrario giran y giran en torno a sí mismos, en un torbellino sin sentido; tampoco ellos soportan la nada. Desde la mañana a la noche se está a la espera de algo que nunca llega. Se espera y se espera. Y no ocurre nada. Y se sigue esperando, y esperando, y esperando… y pensando, y pensando, y pensando.. hasta que duelen las sienes. Y no ocurre nada. Y estás solo. Solo… Solo…
Stefan Zweig
Novela de ajedrez

RUMBO AL HORIZONTE

Estaba mucho más allá, en ese más allá ilocalizable adonde precisamente ponen proa los ojos de todas las mujeres del mundo cuando miran por una ventana y la convierten en punto de embarque, en andén, en alfombra mágica desde donde se hacen invisibles para fugarse. Nadie puede enjaular los ojos de una mujer que se acerca a una ventana, ni prohibirles que surquen el mundo hasta confines ignotos. En todos los claustros, cocinas, estrados y gabinetes de la literatura universal donde viven mujeres existe una ventana fundamental para la narración, de la misma manera que la suele haber también en los cuartos inhóspitos de hotel que pintó Edward Hopper y en las estancias embaldosadas de blanco y negro de los cuadros flamencos. Basta con eso para que se produzca a veces el prodigio: la mujer que leía una carta o que estaba guisando o hablando con una amiga mira de soslayo hacia los cristales, levanta una persiana o un visillo, y de sus ojos entumecidos empiezan a salir enloquecidos, rumbo al horizonte, pájaros en bandada que ningún ornitólogo podrá clasificar, cazar ningún arquero ni acariciar ningún enamorado y que levantan vuelo hacia el reino inconcreto del que sólo se sabe que está lejos.
Carmen Martín Gaite
De su ventana a la mía

EL OTRO LADO DE LAS COSAS

El otro lado de las cosas: el campo ardiente; las lomas sucesivas como lomos de animales cansados, la rueda de buitres amenazante; la sombra paulatina; la parda, esquiva y felina oscuridad que lo sume todo en acecho de alimañas, con sigilo de zarpas, de garras y de dientes escondidos, en una noche olfativa, voraz y sanguinaria que toma el relevo de la tortura implacable del sol, que aplasta la tierra como un pie gigantesco, que ciega la mirada con su luz ultrametálica, y que hiere el suelo en saetas de polvo encendido.
Rafael Sánchez Felrosio
Alfanhuí

INTELIGENCIA EMOCIONAL

Hoy mamá me ha llevado a su psicoanalista. Motivo: me escondo. Esto es lo que ha dicho mamá: “mi vida sabes muy bien que a todos nos tiene locos que te escondas así. Pienso que sería buena idea que vinieras conmigo a hablar de ello con el doctor Theid”.
[…] Lo de que me escondo de hecho ni siquiera es verdad: me aíslo allí donde no pueden encontrarme, lo único que quiero es poder escribir mis Ideas profundas y mi Diario del movimiento del mundo en paz y, antes sólo quería poder pensar tranquilamente yo solo sin que me perturbaran las idioteces que mi hermana dice o escucha en la radio o en su aparato de música, o sin que me moleste mamá que viene a susurrarme: “Está la abuelita, tesoro, ven a darle un beso”, que es una frase de las menos apasionantes que conozco.
Muriel Brabery
La elegancia del erizo

AB ABSURDO

- ¿Y hace mucho tiempo que es usted negro?
- No sé, yo siempre me he visto así en la luna de los espejitos...
- ¡Vaya por dios! ¡Cuando viene una desgracia nunca viene sola! ¿Y de qué se quedó usted así? ¿De alguna caída?
- Debió de ser eso, señor...
- ¿De una bicicleta?
- De eso, señor...
Tres sombreros de copa
Miguel Mihura

SUJETA MAYÚSCULAS

Hay primero una situación confusa, que solo puede definirse en la palabra; de esa penumbra parto, y si lo que quiero decir,(si lo que quiere decirse) tiene suficiente fuerza, inmediatamente se inicia el swing, un balanceo rítmico que me saca a la superficie, lo ilumina todo, conjuga esa materia confusa y el que la padece en una tercera instancia clara y como fatal : la frase, el párrafo, la página, el capítulo, el libro. Ese balanceo, ese swing en el que se va informando la materia confusa , es para mí la única certidumbre de su necesidad, porque apenas cesa comprendo que no tengo ya nada que decir. Y también es la única recompensa de mi trabajo : sentir que lo que he escrito es como un lomo de gato bajo la caricia, con chispa y un arquearse cadencioso.
Julio Cortázar
Rayuela

CORRIENTE ALTERNA

En los orificios de los enchufes surge de vez en cuando una larga lengua bífida que les canta canciones a los niños y les enseña a hacer grandes travesuras, de esas que espantan a los mayores por su retorcimiento y maldad. También les cuenta secretos de familia para que los repitan ante las visitas y avergüencen a sus padres. Por culpa de las casa modernas nuestros hijos son taimados como serpientes y están llenos de astucias. Las escuelas se han revelado inútiles para su educación. Los críos parece que han nacido con teorías y conceptos propios y por eso escuchan a sus maestros con una sonrisa irónica llena de suficiencia[…] Nosotros no éramos así.[…] Las casas modernas son más astutas, más venenosas.
Óscar Esquivias
La ciudad del Gran Rey

LENTEJAS

[…]
Pero la luna subía y bajaba las escaleras,
repartiendo lentejas desangradas en los ojos,
dando escobazos de plata a los niños de los muelles,
y borrando mi apariencia por el término del aire.
Federico Gracía Lorca
Poeta en Nueva York

FELICIDAD

Dale a la gente concursos que puedan ganar recordando la letra de las canciones más populares, o los nombres de las capitales de Estado o cuánto maíz produjo Iowa el año pasado. Atibórralo de datos no combustibles, lánzales encima tantos 'hechos' que se sientan abrumados, pero totalmente al día en cuanto a información. Entonces, tendrán la sensación de que piensan, tendrán la impresión de que se mueven sin moverse. Y serán felices (...)
Ray Bradbury
Fahrenheit 451

MORADA

Es en estos días de otoño avanzado —más o menos para Todos los Santos— cuando París tiene, para un hombre del sur —o del Mediterráneo como yo— un encanto característico y extraordinario. Es el primer otoño que paso en París. El mundo exterior parece inmerso en una neblina tenue, a veces vaporosa y azulada, otras de la palidez de leche cuajada. El aire, en general, está en calma, pero a veces sopla, a contrapelo del río, una ventolera atlántica que se lleva los sombreros de los caminantes de los puentes pero que no llega a aclarar la niebla estabilizada. Un soplido del viento puede llegar a limpiar un espacio del cielo que parece como una mancha de estaño sublimado, pero la aparición dura un instante: la niebla, azulada, inmóvil, inconmovible, vence. (…) La gran ciudad —vista desde un lugar elevado— adopta un color malva, a veces más claro, otras no tanto, y los ojos de las mujeres rubias, sobre la piel rosada de la cara, los músculos tiesos a causa del frío, que hace aparecer, un momento, una calidad de porcelana, tienen un color morado –como una gota de color morado que suavizara la mirada—.
Joseph Pla
Notas sobre París

CUBIERTO


Las nubes
me separan
del cielo abierto,
cerrado sobre las casas
de la ciudad.
Miguel Mingotes
Nublado/Poesía

SOMBRILLAS


SOMBRA 2ª ¡Nos hemos llevado un chasco con esto de la otra vida!

SOMBRA 3ª ¡Tenga usted paciencia! Quizá encontremos algo todavía. ¡Yo tengo alguna esperanza remota de que nos hemos de tropezar con Dios!

SOMBRA 2ª ¡Ojalá!

SOMBRA 3ª No tiene sentido este ir y venir sin ton ni son. Este convertirse en pepino o en bayadera india. Yo estoy algo contento, porque francamente le confieso que yo no creía en la otra vida. Usted no sabe qué impresión más agradable llevé, cuando después de recibir en mi cráneo las dos balas de máuser que el amante de mi mujer tuvo a bien asestarme en desafío, me encontré en un campo rarísimo lleno de trajes de bailarinas y de levitas de políticos, donde una ángela jovencita con la boca pintada y las alas de cartón me dijo: “Caballero, ya es usted una sombra, va usted a las nubes por toda la eternidad. Tenga cuidado con el reúma”. Fue una gran sorpresa, una agradable… Yo era materialista, ¡volteriano!... Casi, casi creo en la posibilidad de que haya existido Dios (...)

Federico García Lorca

Sombras. Teatro inédito

EL NUEVO VECINO


—¿Cómo es? ¿Cómo es?

—Pues es —dijo el pino— de una especie muy rara. Tiene el tronco negro hasta más de una vara sobre la tierra, y después parece de un blanco grisáceo. Resulta muy elegante.

—¡Es muy elegante, muy elegante! —transmitieron unas hojas a otras.

—Sus frutos —continuó el pino fijándose en los aisladores— son blancos como las piedras de cuarzo y más lisos y más brillantes que las hojas del acebo.

Dejó que la noticia llegase a los confines de la fraga y siguió:

—Sus ramas son delgadísimas y tan largas que no puedo ver dónde terminan. Ocho se extienden hacia donde el sol nace y ocho hacia donde el sol muere. Ni se tuercen ni se desmayan, y es imposible distinguir en ellas un nudo, ni una hoja ni un brote. Pienso que quizá no sea esta su época de retoñar, pero no lo sé. Nunca vi un árbol parecido.

Todas las plantas del bosque comentaron al nuevo vecino y convinieron en que debía de tratarse de un ejemplar muy importante. Una zarza que se apresuró a enroscarse, en él declaró que en su interior se escuchaban vibraciones, algo así como un timbre que sonase a gran distancia, como un temblor metálico del que no era capaz de dar una descripción más precisa porque no había oído nada semejante en los demás troncos a los que se había arrimado. Y esto aumentó el respeto en los otros árboles y el orgullo de tenerlo entre ellos.

Wenceslao Fernández Flórez

El bosque animado

CREPÚSCULO


Si yo fuera cineasta me dedicaría a cazar crepúsculos (…) Por experiencia y reloj de pulsera sé que un buen crepúsculo no va más allá de veinte minutos entre el clímax y el anticlímax, dos cosas que eliminaría para dejar tan solo su lento juego interno, su calidoscopio de perceptible mutaciones; se tendría así una película de esas que llaman documentales y que se pasan antes de Brigitte Bardot mientras la gente se va acomodando y mira la pantalla como si todavía estuviera en el ómnibus o en el subte. Mi película tendría una leyenda impresa (acaso una voz en off) dentro de estas líneas: “lo que va a verse es el crepúsculo del 7 de junio de 1976, filmado en X con película M y con cámara fija, sin interrupción durante Z minutos”. El público queda informado de que fuera del crepúsculo no sucede absolutamente nada, con lo cual se le aconseja proceder como si estuviera en su casa y hacer lo que se le dé la gana; por ejemplo, mirar el crepúsculo, darle la espalda, hablar con los demás, pasearse, etcétera. La mentamos no poder sugerirle que fume, cosa siempre tan hermosa a la hora del crepúsculo (…)

Julio Cortázar

Cuentos completos/2